En materia de educación, son muy reconocidos los métodos que emplean los jesuitas. Ellos se fundamentan en dos textos sumamente importantes, que son la Ratio Studiorum y la IV Parte de las Constituciones de la Compañía de Jesús. (1599). A continuación, el link en el cual encontré este legado:
Resumiendo, podemos hacer la siguiente observación (realice un resumen del texto, pero algunas cuestiones las puse textuales, resaltando lo mas importante, no se como hacer para resaltar, asi que lo subrayo):
Las Constituciones de la Compañía de Jesús son un conjunto de principios y normas espirituales, ascéticas y apostólicas, que conforman la esencia y natu-raleza de la Compañía. Las Constituciones pretenden, constituir un Cuerpo para el Espíritu. Esta imagen del cuerpo es la que estructura en X " Partes Principales” que son:
1) La "Admisión" de los candidatos al Cuerpo de la Compañía para ser "probados" en su ideoneidad.
2) La "Dimisión" del cuerpo de quienes no han sido encontrados idóneos.
3) La "Conservación" y formación espiritual (espíritu y virtudes) de quienes han sido juzgados idóneos parta el pertenecer al cuerpo.
4) La Formación intelectual (para juntar virtud con letras) de quienes han sido aprobados como miembros del cuerpo, y preparar a éste para la misión.
5) La "Incorporación definitiva" al cuerpo, como miembro "formado".
6) La "Manera de vivir" en el cuerpo.
7) La "Misión" del cuerpo, sus modos y campos de realización.
8) La "Unión" al interior del cuerpo y los modos de realizarla y fortificarla.
9) La "cabeza" del cuerpo (gobierno).
10) La "conservación y aumento" del cuerpo.
En particularidad, la IV Parte es la que contiene los principios de para la formación intelectual, humana y religiosa. Esta educación, no solo estaba dedicada a los alumnos jesuíticos, sino también a aquellos laicos, que eran admitidos en los Colegios y Universidades para compartir esa educación. Los laicos, llamados también estudiantes externos, podían pertenecer a dos clases: unos eran los "bursarii", o becados, que eran los pobres (se optaban con preferencia); y también estaban los "portionistae", es decir la de estudiantes ricos, que solo eran aceptados si aportaban una “matrícula”.
Cuando se habla de “Colegios” (edad comprendida entre 14 y 23 años), ellos desarrollaban los estudios básicos, en el cual se enseñaba gramática (latina y griega) y se completaba con la Retórica. Las “Universidades” comprendían tres Facultades: Gramática y Filosofía (o Artes) y Teología (excluían a Derecho y Medicina).
El capítulo cuarto trata de la "conservación" de los estudiantes desde el punto de vista de su salud física, psicológica y espiritual. Establece, por ejemplo,
"que no se estudie en tiempos no oportunos a la salud corporal, y que duerman tiempo suficiente, y sean moderados en los trabajos de la mente, para que puedan durar más en ellos, así en el estudiar, como después en el ejecutar lo estudiado" [339] .
El capítulo VI, es el que propone propiamente el método pedagógico para aprovecharse en los estudios. Las primeras disposiciones se refieren a la voluntad y actitud de los estudiantes: (esto lo copio textual)
1. Lo primero que se les exige para que "mucho aprovechen", es tener el alma pura y la "intención del estudiar recta, no buscando en las letras sino la gloria divina" y el bien de los prójimos. [360].
2. A esta actitud corresponde la necesidad de que exista una decisión de "ser muy de veras estudiantes". Es decir, de entregarse del todo a los estudios porque, como en otro contexto dirá san Ignacio, éstos "exigen todo el hombre" [361].
3. Ello implicará, consecuentemente, la necesidad de quitar todos los impedimentos que distraen del estudio, "así de devociones y mortificaciones demasiadas o sin orden debida", "como cuidados y ocupaciones exteriores" distintas de los mismos estudios [362]. Es decir, es necesario suprimir todo aquello, incluso piadoso o apostólico, que pueda quitar el tiempo y el esfuerzo requerido por los estudios, para dedicar todas las fuerzas físicas, psicológicas y espirituales a estudiar.
4. Y la primera recomendación es la de que se guarde orden en las ciencias, es decir que exista una organización gradual de las asignaturas de manera que no se pase de una a otra, sin que el estudiante esté suficientemente bien fundado en las que son requisitos de las ulteriores [366]. Por otra parte, los Maestros han de ser "doctos y diligentes y asiduos" [369].
5.Los estudiantes, a su vez, han de ser constantes"en el ir a las lecciones y diligentes en proveerlas, y después de oídas en repetirlas, y demandar lo que no entienden y anotar lo que conviene para suplir la memoria para adelante" [374].
6 .Un lugar importante ocupan las "disputaciones" o debates de los estudiantes con el maestro, y de los mismos estudiantes entre sí, de acuerdo con la naturaleza de las asignaturas que se estudian (ib.) y la variedad de formas de debate. Estos ejercicios son particulrmente válidos para las Artes (Filosofía) y la Teología escolásticas A este ejercicio de las disputaciones se le consagran tres amplios números.
7. Se recomienda que los estudiantes asistan a estos ejercicios de disputar o "círculos", de sus propias asignaturas, tanto ordinarios como extraordinarios. Y se señala la conveniencia de que al interior del Colegio haya "cada domingo o algún otro día de la semana (si especial causa no lo impidiese) después de comer, alguno de cada clase de los artistas (es decir, de los estudiantes de filosofía) y teólogos que será señalado por el Rector, que sustente algunas conclusiones que en escrito pondrá el día anterior en la tarde a la puerta de las escuelas, para que vengan a disputar o a oir los que quisieren. Y después que brevemente hayan probado sus conclusiones, argüirán los que quisieren de fuera y de dentro de Casa, presidiendo alguno que enderece los argumentos, y resuelva y saque en limpio la doctrina de lo que se trata, para utilidad de los que oyen, y dé señal de acabar a los que disputan, compartiendo el tiempo en manera que haya lugar a las disputaciones de todos" [378].
8. Además de las dos formas anteriores de disputaciones se pide que cada día se señale una hora para que se debata ("dispute") en los Colegios bajo la presidencia de alguno de los Maestros, "para que más se ejerciten los ingenios y se aclaren las cosas difíciles"[379].
9. Las "disputaciones" de los que estudian Humanidades deberán tener también sus tiempos señalados y algunas veces los estudiantes deberán ejercitarse en composiciones en prosa o en verso, tanto improvisadas como previamente preparadas [380]. Estos ejercicios se complementan con las "oraciones" (discursos) en latín o en griego que harán ante sus compañeros los más avanzados en el conocimiento de la lengua [381]. En las Universidades el ejercicio frecuente de las disputaciones se prescribe no sólo para los estudiantes entre sí, sino también para los Maestros unos con otros, y siempre bajo la moderación de alguien que ha de impedir la simple discusión y conducir a resoluciones doctrinales [456].
10. Es importante también proveer a los instrumentos de que deben valerse los estudiantes. Presupuesto que debe haber una biblioteca y que los particulares deben tener los libros y cuadernos que les fueren necesarios [372], se determina posteriormente el uso que de ellos debe hacerse [376].
11. A todos los estudiantes se les recomienda tener tiempos de estudio tranquilo en privado, "estudio particular y quieto para mejor y más largamente entender las cosas tratadas" [384].
12. A todo lo anterior se añaden los estímulos que se proponen, como por ejemplo, crear una sana emulación entre los estudiantes [383), enviar de vez en cuando al Superior Provincial o General algunas muestras de los productos escolares, como composiciones de los humanistas y conclusiones de los teólogos [383]. Un estímulo muy especial era la intervención personal del Rector con los estudiantes. Para ello, el Rector deberá estar muy bien informado del provecho de los estudiantes, para "incitar uy mover y animar a los que lo hubiesen menester" [386].
13. Terminada una asignatura es conveniente repasarla, a manera de síntesis, pero ampliando los conocimientos con la lectura de uno o varios autores que no se hayan visto en la primera vez; y es conveniente que esta síntesis se ponga por escrito, ordenando y sistematizando los conocimientos adquiridos y sometiendo la síntesis a la aprobación de los Maestros [388-389].
14. Un complemento acerca de la manera de ordenar las clases en cuanto al número de estudiantes y de Profesores, se encuentra en el capítulo XIII de esta misma IV Parte. Si el número de estudiantes es tal que no lo puede atender un solo Maestro, se le deberá dar un ayudante; y si esto no bastare, habrá que dividir la clase o reducirla, según el caso, de manera que haya los Maestros y ayudantes que son necesarios y no más [457].
El Capítulo VII resalta la intención de formar ( a los laicos y jesuitas) no solo en las “letras y buenas costumbres”, sino también en la doctrina y en la vida cristiana.
El capítulo VIII va dirigido especialmente a los jesuíticas ya que propone una preparación para el ejercicio del ministerio sacerdotal jesuítico.
El capítulo IX toca un punto muy particular que es el "Del sacar del estudio" a aquellos estudiantes que no conviene conservar para que otros puedan aprovecharse en su lugar; y de la forma de enviar a otros sitios a estudiantes que ya han concluido su formación o pueden aprovecharse mejor en otro lugar. Tratándose de las Universidades, esto se complementa con la expulsión de quien es "rebelde o escandaloso", al cual se le podrá echar no sólo fuera de las escuelas, sino fuera de la ciudad y aun ponerlo en la cárcel [444).
El capítulo X habla de la persona del Rector. Además de ser al-guien "de mucho ejemplo y edificación", se requiere "Que sea asimismo discreto, y apto para el gobierno y tenga uso en las cosas agibles (es decir capacidad para el manejo de asuntos prácticos) y experiencia en las espirituales. Que sepa mezclar la severidad a sus tiempos con la benignidad. Sea cuidadoso, sufridor de trabajo(es decir, resistente al trabajo) y persona de letras, y finalmente de quien se pùedan confiar y a quien puedan comunicar seguramente su autoridad los Prepósitos Superiores. Pues cuanto mayor será ésta, mejor se podrán gobernar los Colegios a mayor gloria divina".
Los capítulos XI a XVII, se refieren directamente a las Universidades de la Compañía.
Se trata de un reconocimiento explícito y categórico de la importancia de las Universidades en la prosecución del fin de la Compañía, que es el de buscar en todo la mayor gloria de Dios y ayuda de la gente, razón que se confirma en el capítulo XII [446). Especial importancia, desde luego, se le atribuye a la Facultad de Teología por tratarse del medio más propio para el fin que se pretende [446].
Excluido de nuestras Universidades únicamente el estudio de Medicina y de Leyes.
Siendo necesario que exista un claro orden en los estudios, toca sin embargo al Rector, por sí mismo o por sus colaboradores, atender a la ordenación del currículo particular de algunos estudiantes que llegan a la Universidad con estudios realizados en un orden diferente al de la Universidad y determinar qué asignaturas han de tomar o de dejar [460-461].
"En las letras de Humanidad y lenguas no puede haber curso determinado de tiempo para acabar el estudio de ellas, por la diversidad en los ingenios y doctrina de los que oyen, y muchas otras causas que no permiten otra limitación de tiempo, sino la que para cada uno dictare convenir la prudente consideración del Rector o Cancelario" [471]. Sin embargo, en Filosofía y Teología la determinación del tiempo de los cursos parece prestarse a una mayor regulación [473 – 477].
Los libros que han de leer los estudiantes son también objeto de una clara reglamentación (Capítulo XIV). Ante todo, han de ser los que tengan una doctrina sólida y segura [464], evitando los que proceden de autores sospechosos [465] u ofendan las buenas costumbres [468]. Igualmente se recomiendan aquellos libros o autores que es más conveniente leer, como el "Maestro de las Sentencias", Pedro Lombardo, [466] en Teología, o Aristóteles en Filosofía, así como los autores griegos y latinos en Humanidades.
En cuanto a los grados se refiere, es interesante poner de relieve la disposición de no permitir "banquetes ni otras fiestas costosas e inútiles para nuestro fin, ni se den bonetes o guantes u otra cosa alguna" [480].
Particular cuidado debe tenerse en las Universidades de la Compañía de manera que los que a ellas acuden para aprender letras, "aprendan juntamente con ellas buenas y cristianas costumbres" [481]. El tener este cuidado recae principalmente sobre el Rector y los Maestros, los cuales han de prestar atención a cada uno de los suyos.
En las escuelas no han de permitirse"juramentos ni injuria de palabras ni obras ni cosa alguna deshonesta o disolución de los que de fuera vienen a la escuela"[486). Y los Maestros han de prestar especial atención, tanto dentro como fuera de las clases, de mover a los estudiantes "al amor y servicio de Dios nuestro Señor, y de las virtudes con que le han de agradar, y que enderecen todos sus estudios a este fin" [486].
Para concluir, el último capítulo de la IV Parte se ocupa de los Oficiales o Ministros de la Universidad, es decir de los Directivos. Estos son el Rector, cuatro Consejeros o Asistentes suyos, el Canciller, el Secretario, el Notario, los Bedeles, el Corrector, los Decanos, los Deputados y el Síndico General.
La "Ratio Studiorum" es la sitematización, organización y método de los estudios en los Colegios y Universidades de la Compañía de Jesús. En ella se halla la concepción filosófica y pedagógica de la educación jesuítica.
Los treinta capítulos de que consta llevan, uno a uno, el título de "Reglas", hoy diríamos de "Reglamentos" o normas. Ellas están dirigidas a todos y cada uno de los Directivos, desde el superior Mayor o Provincial hasta los monitores o "Bedeles" de los cursos, pasando por las distintas clases de Prefectos, de Profesores y Estudiantes y llegando hasta la forma de desarrollar las reuniones de los seminarios o "Academias". Tanta reglamentación, choca a un espíritu contemporáneo, dispuesto a todo lo contrario: a la libertad, la flexibilidad y espontaneidad.
Aunque una de las cosas a destacar es que la labor educativa se centra ante todo en las personas: directivos, profesores y estudiantes. Cada uno de ellos tiene sus funciones propias dentro del conjunto educativo, llamado “Comunidad”, en el cual todos “interactúan”. Otro aspecto fundamental es el fin de la tarea educativa el cual es el de "juntar virtud con letras" es decir, el de formar personas virtuosas y académicamente competentes.
Pero la tarea de formar personas tiene una meta concreta: prepararse para "servir". Es el servicio de Dios y la ayuda de los prójimos lo que justifica y estructura toda la academia. En las "Reglas comunes de todos los Profesores de la Facultades Superiores" se les prescribe: "Diríjase la intención particular del profesor, tanto en las lecciones cuando se ofrezca ocasión, como fuera de ellas, a mover a sus oyentes al servicio y amor de Dios y de las virtudes, con las que es preciso agradarle; y a que todos sus estudios los enderecen a este fin" (IV,1).
Para poder “servir” los estudiantes se necesitan prepara para la Práctica. Lo aprendido hay que practicarlo. La metodología del aprendizaje comprende la asimilación y la práctica.
El proceso de enseñanza-aprendizaje comienza con la "Prelección". Ésta se describe al tratar de las Facultades Inferiores y tiene un orden y unas recomen-daciones particulares según se trate de una u otra asignatura, ".. será de gran provecho que el Profesor no hable improvisando ni desordenadamente, sino sobre lo que haya escrito cuidadosamente en casa, después de leído todo el libro o discurso que tiene entre manos" (XV,27).
La prelección ha de ser seguida por la "Repetición". Esta constituye una de las piezas claves en el proceso de enseñanza aprendizaje, y va orientada a la asimilación profunda. "La utilidad de esta repetición será doble: una, que lo repetido con frecuencia quedará más profundamente grabado; otra, que aquellos que sean de talento superior acaben los cursos antes que los otros, ya que podrán ascender de grado en cada semestre" (XII,8,# 4).
Las "Reglas" de la "Ratio" están salpicadas aquí allá con recomendaciones y variadas formas de repetición y frecuencia. Ya Diego de Ledesma señalaba en la "Ratio" del Colegio Romano (1557) diez formas distintas de repetición, o de recitar las lecciones (están en el texto original).
Otro de los ejercicios recomendados para los estudiantes, principalmente para los de las Facultades o Estudios Superiores, es el de las "disputaciones" o "debates". Es claro que éstos se acomodaban más directamente a la Filosofía y la Teología. Dichas disputas eran semanales (IV,14), mensuales (VII, 14; VIII,17) y solemnes (XXVII, 9) Otras prácticas semejantes, son la "composición" de trabajos escritos: disertaciones, discursos, sermones, poesías y oraciones en griego y en latín.. En la misma línea pedagógica se hallan para los humanistas la "declamación" privada y pública (XVI, 16-17) y las prácticas de "teatro" (XVI,19). En cuanto a las “correcciones y castigos" (XII,38-41):"El profesor ni sea precipitado en castigar, ni excesivo en inquirir las faltas. Disimule más bien, cuando lo pueda hacer sin daño de nadie"(XV,40). En cuanto al trato con los alumnos:"No se muestre más cordial con unos que con otros. Fuera del tiempo de clase, por razón del buen ejemplo, no hable con los discípulos si no es brevemente y de cosas serias, en sitio también patente, es decir, no dentro de la clase, sino a la entrada de la misma. O en el patio, o en la portería del colegio" (XV,47).
En cuanto a los Directivos, Profesores y Estudiantes:
Al Provincial se le prescribe que "Prevea con mucha anticipación qué profe-sores podrá tener para cada facultad, fijándose en aquellos que parezcan más aptos para cada disciplina: que sean doctos, diligentes y asiduos, y tomen con empeño el adelanto de los estudiantes, así en las lecciones como en otros ejercicios literarios (I,4).
Y al Rector se le pide que tenga consultas mensuales, o al menos cada dos meses, con todos los maestros de las clases inferiores junto con los Prefectos para reflexionar conjuntamente sobre su tarea educativa (II,18). Igualmente el Pre-fecto de Estudios debe oir de vez en cuando a los profesores, al menos una vez al mes (III,17).
Al Profesor de las clases inferiores se le pide que: "Sea por fin en todas las cosas, con la ayuda de la divina gracia, diligente y asiduo, preocupándose del adelanto de los discípulos tanto en las lecciones diarias, como en los ejercicios literarios. No tenga aversión a nadie, interésese por los estudios del pobre lo mismo que por los del rico, y procure el éxito de cada uno de sus discípulos en particular" (XV,50). A todos los Profesores se les recomienda ser obedientes, modestos, sobrios, fieles en sus referencias científicas y atentos al bien de sus estudiantes.(IV, 4-8). Las recomendaciones para los estudiantes tienen dos capítulos diferentes: Uno para los estudiantes externos", otro para los estudiantes jesuitas. A los Alumnos "externos" se les dice: "Entiendan los que frecuentan los centros docentes de la Compañía de Jesús en busca del saber, que con la ayuda de Dios y en la medida de nuestras fuerzas, nos ocuparemos de su formación en piedad y demás virtudes, no menos que en las artes liberales" (XXIV, 1). Y refiriéndose a la conducta que deben observar, prescribe: "Absténganse por completo de juramentos, ultrajes, injurias, difamaciones, mentiras, asimismo de juegos prohibidos, como también de lugares peligrosos o prohibidos por el Prefecto. En suma, de todo lo que vaya en contra de las buenas costumbres" (XXIV, 6).
A los Estudiantes jesuitas: "Sean asiduos en la asistencia a las clases y diligentes en prepararlas y después de oídas las lecciones, repetirlas; lo mismo en preguntar lo que no han entendido, y en anotar de lo demás lo que conviniere, para ayudar a la memoria en el futuro" (XXI, 4). Además se recomienda que:"Nadie se entregue al trabajo de leer o escribir por más de dos horas, sin interrumpir el estudio con un pequeño intervalo de tiempo" (XXI,10). Si les parece, podemos hacer alguna comparación con el sistema educativo actual. Espero que haya sido de utilidad. eugenia
Compañeros Historiadores realizacè una sintesis del rol del educador, Saludos, Orlando
Historiadores!! Pienso que lo que marque con color violeta es relevante para agregar en la pàgina sobre rol del alumno. Sonia 20/10/11
Despuès de realizar lecturas se podria decir que en este periodo se puede observar que la educacion era bancaria (Paulo Freire)dado que contempla el educando como un sujeto pasivo ignorante que ha de memorizar y repetir los contenidos que se le inculcan por el educador en lugar de observar la educación como comunicación y dialogo Sonia 7/10/11
La Educación la asume la Compañía de Jesús como una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso sus Centros ofrecen a la sociedad, según su propio criterio, una clara inspiración cristiana y un modelo de educación liberadora y humana. Sonia 16/10/11
(Eugenia, 10-9-11)
En materia de educación, son muy reconocidos los métodos que emplean los jesuitas. Ellos se fundamentan en dos textos sumamente importantes, que son la Ratio Studiorum y la IV Parte de las Constituciones de la Compañía de Jesús. (1599). A continuación, el link en el cual encontré este legado:
http://www.puj.edu.co/pedagogia/documentos/constitucion_ratio.htmlResumiendo, podemos hacer la siguiente observación (realice un resumen del texto, pero algunas cuestiones las puse textuales, resaltando lo mas importante, no se como hacer para resaltar, asi que lo subrayo):
Las Constituciones de la Compañía de Jesús son un conjunto de principios y normas espirituales, ascéticas y apostólicas, que conforman la esencia y natu-raleza de la Compañía. Las Constituciones pretenden, constituir un Cuerpo para el Espíritu. Esta imagen del cuerpo es la que estructura en X " Partes Principales” que son:
1) La "Admisión" de los candidatos al Cuerpo de la Compañía para ser "probados" en su ideoneidad.
2) La "Dimisión" del cuerpo de quienes no han sido encontrados idóneos.
3) La "Conservación" y formación espiritual (espíritu y virtudes) de quienes han sido juzgados idóneos parta el pertenecer al cuerpo.
4) La Formación intelectual (para juntar virtud con letras) de quienes han sido aprobados como miembros del cuerpo, y preparar a éste para la misión.
5) La "Incorporación definitiva" al cuerpo, como miembro "formado".
6) La "Manera de vivir" en el cuerpo.
7) La "Misión" del cuerpo, sus modos y campos de realización.
8) La "Unión" al interior del cuerpo y los modos de realizarla y fortificarla.
9) La "cabeza" del cuerpo (gobierno).
10) La "conservación y aumento" del cuerpo.
En particularidad, la IV Parte es la que contiene los principios de para la formación intelectual, humana y religiosa. Esta educación, no solo estaba dedicada a los alumnos jesuíticos, sino también a aquellos laicos, que eran admitidos en los Colegios y Universidades para compartir esa educación. Los laicos, llamados también estudiantes externos, podían pertenecer a dos clases: unos eran los "bursarii", o becados, que eran los pobres (se optaban con preferencia); y también estaban los "portionistae", es decir la de estudiantes ricos, que solo eran aceptados si aportaban una “matrícula”.
Cuando se habla de “Colegios” (edad comprendida entre 14 y 23 años), ellos desarrollaban los estudios básicos, en el cual se enseñaba gramática (latina y griega) y se completaba con la Retórica. Las “Universidades” comprendían tres Facultades: Gramática y Filosofía (o Artes) y Teología (excluían a Derecho y Medicina).
El capítulo cuarto trata de la "conservación" de los estudiantes desde el punto de vista de su salud física, psicológica y espiritual. Establece, por ejemplo,
"que no se estudie en tiempos no oportunos a la salud corporal, y que duerman tiempo suficiente, y sean moderados en los trabajos de la mente, para que puedan durar más en ellos, así en el estudiar, como después en el ejecutar lo estudiado" [339] .
El capítulo VI, es el que propone propiamente el método pedagógico para aprovecharse en los estudios. Las primeras disposiciones se refieren a la voluntad y actitud de los estudiantes: (esto lo copio textual)
1. Lo primero que se les exige para que "mucho aprovechen", es tener el alma pura y la "intención del estudiar recta, no buscando en las letras sino la gloria divina" y el bien de los prójimos. [360].
2. A esta actitud corresponde la necesidad de que exista una decisión de "ser muy de veras estudiantes". Es decir, de entregarse del todo a los estudios porque, como en otro contexto dirá san Ignacio, éstos "exigen todo el hombre" [361].
3. Ello implicará, consecuentemente, la necesidad de quitar todos los impedimentos que distraen del estudio, "así de devociones y mortificaciones demasiadas o sin orden debida", "como cuidados y ocupaciones exteriores" distintas de los mismos estudios [362]. Es decir, es necesario suprimir todo aquello, incluso piadoso o apostólico, que pueda quitar el tiempo y el esfuerzo requerido por los estudios, para dedicar todas las fuerzas físicas, psicológicas y espirituales a estudiar.
4. Y la primera recomendación es la de que se guarde orden en las ciencias, es decir que exista una organización gradual de las asignaturas de manera que no se pase de una a otra, sin que el estudiante esté suficientemente bien fundado en las que son requisitos de las ulteriores [366]. Por otra parte, los Maestros han de ser "doctos y diligentes y asiduos" [369].
5. Los estudiantes, a su vez, han de ser constantes "en el ir a las lecciones y diligentes en proveerlas, y después de oídas en repetirlas, y demandar lo que no entienden y anotar lo que conviene para suplir la memoria para adelante" [374].
6 .Un lugar importante ocupan las "disputaciones" o debates de los estudiantes con el maestro, y de los mismos estudiantes entre sí, de acuerdo con la naturaleza de las asignaturas que se estudian (ib.) y la variedad de formas de debate. Estos ejercicios son particulrmente válidos para las Artes (Filosofía) y la Teología escolásticas A este ejercicio de las disputaciones se le consagran tres amplios números.
7. Se recomienda que los estudiantes asistan a estos ejercicios de disputar o "círculos", de sus propias asignaturas, tanto ordinarios como extraordinarios. Y se señala la conveniencia de que al interior del Colegio haya "cada domingo o algún otro día de la semana (si especial causa no lo impidiese) después de comer, alguno de cada clase de los artistas (es decir, de los estudiantes de filosofía) y teólogos que será señalado por el Rector, que sustente algunas conclusiones que en escrito pondrá el día anterior en la tarde a la puerta de las escuelas, para que vengan a disputar o a oir los que quisieren. Y después que brevemente hayan probado sus conclusiones, argüirán los que quisieren de fuera y de dentro de Casa, presidiendo alguno que enderece los argumentos, y resuelva y saque en limpio la doctrina de lo que se trata, para utilidad de los que oyen, y dé señal de acabar a los que disputan, compartiendo el tiempo en manera que haya lugar a las disputaciones de todos" [378].
8. Además de las dos formas anteriores de disputaciones se pide que cada día se señale una hora para que se debata ("dispute") en los Colegios bajo la presidencia de alguno de los Maestros, "para que más se ejerciten los ingenios y se aclaren las cosas difíciles" [379].
9. Las "disputaciones" de los que estudian Humanidades deberán tener también sus tiempos señalados y algunas veces los estudiantes deberán ejercitarse en composiciones en prosa o en verso, tanto improvisadas como previamente preparadas [380]. Estos ejercicios se complementan con las "oraciones" (discursos) en latín o en griego que harán ante sus compañeros los más avanzados en el conocimiento de la lengua [381]. En las Universidades el ejercicio frecuente de las disputaciones se prescribe no sólo para los estudiantes entre sí, sino también para los Maestros unos con otros, y siempre bajo la moderación de alguien que ha de impedir la simple discusión y conducir a resoluciones doctrinales [456].
10. Es importante también proveer a los instrumentos de que deben valerse los estudiantes. Presupuesto que debe haber una biblioteca y que los particulares deben tener los libros y cuadernos que les fueren necesarios [372], se determina posteriormente el uso que de ellos debe hacerse [376].
11. A todos los estudiantes se les recomienda tener tiempos de estudio tranquilo en privado, "estudio particular y quieto para mejor y más largamente entender las cosas tratadas" [384].
12. A todo lo anterior se añaden los estímulos que se proponen, como por ejemplo, crear una sana emulación entre los estudiantes [383), enviar de vez en cuando al Superior Provincial o General algunas muestras de los productos escolares, como composiciones de los humanistas y conclusiones de los teólogos [383]. Un estímulo muy especial era la intervención personal del Rector con los estudiantes. Para ello, el Rector deberá estar muy bien informado del provecho de los estudiantes, para "incitar uy mover y animar a los que lo hubiesen menester" [386].
13. Terminada una asignatura es conveniente repasarla, a manera de síntesis, pero ampliando los conocimientos con la lectura de uno o varios autores que no se hayan visto en la primera vez; y es conveniente que esta síntesis se ponga por escrito, ordenando y sistematizando los conocimientos adquiridos y sometiendo la síntesis a la aprobación de los Maestros [388-389].
14. Un complemento acerca de la manera de ordenar las clases en cuanto al número de estudiantes y de Profesores, se encuentra en el capítulo XIII de esta misma IV Parte. Si el número de estudiantes es tal que no lo puede atender un solo Maestro, se le deberá dar un ayudante; y si esto no bastare, habrá que dividir la clase o reducirla, según el caso, de manera que haya los Maestros y ayudantes que son necesarios y no más [457].
El Capítulo VII resalta la intención de formar ( a los laicos y jesuitas) no solo en las “letras y buenas costumbres”, sino también en la doctrina y en la vida cristiana.
El capítulo VIII va dirigido especialmente a los jesuíticas ya que propone una preparación para el ejercicio del ministerio sacerdotal jesuítico.
El capítulo IX toca un punto muy particular que es el "Del sacar del estudio" a aquellos estudiantes que no conviene conservar para que otros puedan aprovecharse en su lugar; y de la forma de enviar a otros sitios a estudiantes que ya han concluido su formación o pueden aprovecharse mejor en otro lugar. Tratándose de las Universidades, esto se complementa con la expulsión de quien es "rebelde o escandaloso", al cual se le podrá echar no sólo fuera de las escuelas, sino fuera de la ciudad y aun ponerlo en la cárcel [444).
El capítulo X habla de la persona del Rector. Además de ser al-guien "de mucho ejemplo y edificación", se requiere "Que sea asimismo discreto, y apto para el gobierno y tenga uso en las cosas agibles (es decir capacidad para el manejo de asuntos prácticos) y experiencia en las espirituales. Que sepa mezclar la severidad a sus tiempos con la benignidad. Sea cuidadoso, sufridor de trabajo(es decir, resistente al trabajo) y persona de letras, y finalmente de quien se pùedan confiar y a quien puedan comunicar seguramente su autoridad los Prepósitos Superiores. Pues cuanto mayor será ésta, mejor se podrán gobernar los Colegios a mayor gloria divina".
Los capítulos XI a XVII, se refieren directamente a las Universidades de la Compañía.
La "Ratio Studiorum" es la sitematización, organización y método de los estudios en los Colegios y Universidades de la Compañía de Jesús. En ella se halla la concepción filosófica y pedagógica de la educación jesuítica.
Los treinta capítulos de que consta llevan, uno a uno, el título de "Reglas", hoy diríamos de "Reglamentos" o normas. Ellas están dirigidas a todos y cada uno de los Directivos, desde el superior Mayor o Provincial hasta los monitores o "Bedeles" de los cursos, pasando por las distintas clases de Prefectos, de Profesores y Estudiantes y llegando hasta la forma de desarrollar las reuniones de los seminarios o "Academias". Tanta reglamentación, choca a un espíritu contemporáneo, dispuesto a todo lo contrario: a la libertad, la flexibilidad y espontaneidad.
Aunque una de las cosas a destacar es que la labor educativa se centra ante todo en las personas: directivos, profesores y estudiantes. Cada uno de ellos tiene sus funciones propias dentro del conjunto educativo, llamado “Comunidad”, en el cual todos “interactúan”. Otro aspecto fundamental es el fin de la tarea educativa el cual es el de "juntar virtud con letras" es decir, el de formar personas virtuosas y académicamente competentes.
Pero la tarea de formar personas tiene una meta concreta: prepararse para "servir". Es el servicio de Dios y la ayuda de los prójimos lo que justifica y estructura toda la academia. En las "Reglas comunes de todos los Profesores de la Facultades Superiores" se les prescribe: "Diríjase la intención particular del profesor, tanto en las lecciones cuando se ofrezca ocasión, como fuera de ellas, a mover a sus oyentes al servicio y amor de Dios y de las virtudes, con las que es preciso agradarle; y a que todos sus estudios los enderecen a este fin" (IV,1).
Para poder “servir” los estudiantes se necesitan prepara para la Práctica. Lo aprendido hay que practicarlo. La metodología del aprendizaje comprende la asimilación y la práctica.
El proceso de enseñanza-aprendizaje comienza con la "Prelección". Ésta se describe al tratar de las Facultades Inferiores y tiene un orden y unas recomen-daciones particulares según se trate de una u otra asignatura, ".. será de gran provecho que el Profesor no hable improvisando ni desordenadamente, sino sobre lo que haya escrito cuidadosamente en casa, después de leído todo el libro o discurso que tiene entre manos" (XV,27).
La prelección ha de ser seguida por la "Repetición". Esta constituye una de las piezas claves en el proceso de enseñanza aprendizaje, y va orientada a la asimilación profunda. "La utilidad de esta repetición será doble: una, que lo repetido con frecuencia quedará más profundamente grabado; otra, que aquellos que sean de talento superior acaben los cursos antes que los otros, ya que podrán ascender de grado en cada semestre" (XII,8,# 4).
Las "Reglas" de la "Ratio" están salpicadas aquí allá con recomendaciones y variadas formas de repetición y frecuencia. Ya Diego de Ledesma señalaba en la "Ratio" del Colegio Romano (1557) diez formas distintas de repetición, o de recitar las lecciones (están en el texto original).
Otro de los ejercicios recomendados para los estudiantes, principalmente para los de las Facultades o Estudios Superiores, es el de las "disputaciones" o "debates". Es claro que éstos se acomodaban más directamente a la Filosofía y la Teología. Dichas disputas eran semanales (IV,14), mensuales (VII, 14; VIII,17) y solemnes (XXVII, 9)
Otras prácticas semejantes, son la "composición" de trabajos escritos: disertaciones, discursos, sermones, poesías y oraciones en griego y en latín.. En la misma línea pedagógica se hallan para los humanistas la "declamación" privada y pública (XVI, 16-17) y las prácticas de "teatro" (XVI,19).
En cuanto a las “correcciones y castigos" (XII,38-41):"El profesor ni sea precipitado en castigar, ni excesivo en inquirir las faltas. Disimule más bien, cuando lo pueda hacer sin daño de nadie"(XV,40).
En cuanto al trato con los alumnos:"No se muestre más cordial con unos que con otros. Fuera del tiempo de clase, por razón del buen ejemplo, no hable con los discípulos si no es brevemente y de cosas serias, en sitio también patente, es decir, no dentro de la clase, sino a la entrada de la misma. O en el patio, o en la portería del colegio" (XV,47).
En cuanto a los Directivos, Profesores y Estudiantes:
Al Provincial se le prescribe que "Prevea con mucha anticipación qué profe-sores podrá tener para cada facultad, fijándose en aquellos que parezcan más aptos para cada disciplina: que sean doctos, diligentes y asiduos, y tomen con empeño el adelanto de los estudiantes, así en las lecciones como en otros ejercicios literarios (I,4).
Y al Rector se le pide que tenga consultas mensuales, o al menos cada dos meses, con todos los maestros de las clases inferiores junto con los Prefectos para reflexionar conjuntamente sobre su tarea educativa (II,18). Igualmente el Pre-fecto de Estudios debe oir de vez en cuando a los profesores, al menos una vez al mes (III,17).
Al Profesor de las clases inferiores se le pide que: "Sea por fin en todas las cosas, con la ayuda de la divina gracia, diligente y asiduo, preocupándose del adelanto de los discípulos tanto en las lecciones diarias, como en los ejercicios literarios. No tenga aversión a nadie, interésese por los estudios del pobre lo mismo que por los del rico, y procure el éxito de cada uno de sus discípulos en particular" (XV,50).
A todos los Profesores se les recomienda ser obedientes, modestos, sobrios, fieles en sus referencias científicas y atentos al bien de sus estudiantes.(IV, 4-8).
Las recomendaciones para los estudiantes tienen dos capítulos diferentes: Uno para los estudiantes externos", otro para los estudiantes jesuitas.
A los Alumnos "externos" se les dice: "Entiendan los que frecuentan los centros docentes de la Compañía de Jesús en busca del saber, que con la ayuda de Dios y en la medida de nuestras fuerzas, nos ocuparemos de su formación en piedad y demás virtudes, no menos que en las artes liberales" (XXIV, 1).
Y refiriéndose a la conducta que deben observar, prescribe: "Absténganse por completo de juramentos, ultrajes, injurias, difamaciones, mentiras, asimismo de juegos prohibidos, como también de lugares peligrosos o prohibidos por el Prefecto. En suma, de todo lo que vaya en contra de las buenas costumbres" (XXIV, 6).
A los Estudiantes jesuitas: "Sean asiduos en la asistencia a las clases y diligentes en prepararlas y después de oídas las lecciones, repetirlas; lo mismo en preguntar lo que no han entendido, y en anotar de lo demás lo que conviniere, para ayudar a la memoria en el futuro" (XXI, 4).
Además se recomienda que:"Nadie se entregue al trabajo de leer o escribir por más de dos horas, sin interrumpir el estudio con un pequeño intervalo de tiempo" (XXI,10).
Si les parece, podemos hacer alguna comparación con el sistema educativo actual.
Espero que haya sido de utilidad. eugenia
Compañeros Historiadores realizacè una sintesis del rol del educador, Saludos, Orlando
Historiadores!! Pienso que lo que marque con color violeta es relevante para agregar en la pàgina sobre rol del alumno. Sonia 20/10/11
Despuès de realizar lecturas se podria decir que en este periodo se puede observar que la educacion era bancaria (Paulo Freire)dado que contempla el educando como un sujeto pasivo ignorante que ha de memorizar y repetir los contenidos que se le inculcan por el educador en lugar de observar la educación como comunicación y dialogo
Sonia 7/10/11
La Educación la asume la Compañía de Jesús como una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso sus Centros ofrecen a la sociedad, según su propio criterio, una clara inspiración cristiana y un modelo de educación liberadora y humana.
Sonia 16/10/11